La producción agropecuaria es la manipulación de sistemas naturales para obtener réditos económicos. El hecho de que esos ambientes sean "fabricados" no les quita la cualidad de naturales y la finalidad de que sean rentables por muchos ciclos productivos es pretendida por millones de personas en el mundo que buscan así su "forma de vida sustentable".
Dentro de éste esquema el principal papel del hombre es restablecer los equilibrios que naturalmente se rompen. En un monte frutal uno de los desequilibrios "lógicos" es el empobrecimiento del suelo en nutrientes esenciales a lo largo de las temporadas, que atenta contra su condición de sostenible en el tiempo.
Un productor frutícola en las provincias de Río Negro, Neuquén o Mendoza manipula un sistema natural que tiene pérdidas naturales, pero pérdidas al fin, que si no las compensa el monte corre riesgo de dejar de ser rentable. Los mejores ejemplos de "pérdidas normales y necesarias" en éste sistema son la traspiración de las plantas y la extracción de nutrientes con las cosechas, a las que el productor debe compensare regando y fertilizando. En el primer caso, la falta de riego conduce directamente a la muerte física del sistema y en caso de no fertilizar el deterioro es más lento y progresivo, llegando a la ausencia de rédito y, por lo tanto, a su muerte económica.
El sistema que nos ocupa es la producción frutícola en los valles irrigados de los ríos Negro, Limay y Neuquén, y en la provincia de Mendoza tiene sus particularidades respecto a la producción frutícola en otras partes del país o del mundo y está formado por:
* Suelo, como soporte, reserva de agua y fuente de abastecimiento de nutrientes y expresión de la fertilidad física y química, es el edifico de la fábrica con sus operarios.
* Planta como expresión económica del sistema, es la máquina procesadora de las materias primas.
* Flora o cobertura herbáceo, como fuente de reserva de nutrientes y proveedora de fertilidad física, es la caja chica del sistema.
El productor como manipulador de éstos elementos actúa como el dueño de la fábrica que es el primero en llegar a poner en marcha las máquinas, vigila que todo funcione como debiera y es el último en retirarse luego de apagar la luz.
El tema que nos ocupa es comprender las relaciones entre los componentes de nuestro sistema y buscar las formas de compensación o entradas de los mismos.
   
   
  Comenzando por el suelo, que es el origen de toda producción agropecuaria, los nutrientes se encuentran a disposición de la planta que los toma por absorción y los distribuye entre sus reservas y la parte aérea entre las que se mueven cíclica y alternativamente a lo largo de la temporada intercambiando las formas químicas. Como resultado de un año de trabajo, la planta (fábrica) produce 2 salidas de nutrientes, una es muy importante en cantidad con la fruta cosecha y la otra es bastante menor con las ramas de poda en las chacras donde se extraigan del monte y se quemen afuera. Cuando éstas se trituran en el lugar, se produce la descomposición y mineralización al igual que de las hojas caídas, liberando nutrientes que vuelven a la "caja fuerte" del suelo. De éste también se nutre la cobertura herbácea que absorbe nutrientes y los retiene en cantidades significativas, transformándolos en materia orgánica a lo largo de la primavera, verano y otoño cuando contribuye a reducir la temperatura del suelo, aumentar la porosidad y retención del agua y estimular la vida microbiana entre otros efectos beneficiosos. Al dar los primeros laboreos del suelo comienza la mineralización de esa masa vegetal que devuelve los nutrientes al suelo y pueden a su vez estar disponibles para la planta, si es que antes no interviene el factor que mayores pérdidas del sistema provoca en nuestras condiciones: el riego excesivo. Este produce el lavado de nutrientes que terminan en las nafas freáticas y de aquí al mar.
Éste es nuestro sistema productivo y dentro de él los nutrientes van y vienen en distintas formas químicas alternando funciones dentro de cada componente del mismo. Pero como todo sistema natural, no es cerrado, no es autosuficiente, hay pérdidas de energía en varias formas y es el hombre quien debe darle "cuerda" para que no se detenga.
Aunque haya grandes cantidades de nutrientes disponible en la matriz del suelo, otros guardados momentáneamente en la cobertura herbáceo y aquellos almacenados en la madera del frutal, la extracción por las cosechas y el lavado por riego son pérdidas netas que el productor debe sí o sí reparar tarde o temprano, para que todo siga funcionando correctamente, y aunque la "máquina" pueda andar años sin reponer esa energía lo cierto es que no va a entregar su potencial.
Estas son las razones por las cuales la fertilización debería hacerse todos los años, pudiendo variar las cantidades, algunas veces más y otras menos, pero tratando de mantener siempre la "cuerda" al tope para que se cumpla la premisa de nuestro inicio acerca de la factibilidad económica de nuestro sistema.